miércoles 28 de octubre de 2009
"S'i' fosse fuoco" - Cecco Angiolieri
si fuera viento, lo arrasaría;
si fuera agua, lo ahogaría;
si fuera Dios, lo hundiría;
si fuera papa, estaría contento
pues molestaría a todos los cristianos;
si fuera emperador, ¿sabes qué haría?:
les cortaría la cabeza a todos.
Si fuera la muerte, buscaría a mi padre;
si fuera la vida, le rehuiría:
lo mismo haría con mi madre.
Si fuera Cecco, como soy y fui,
tomaría a las mujeres jóvenes y bellas:
les dejaría a los demás las viejas y feas.
La traducción es de Oreste Frattoni. Quizás es demasiado "conocido" este soneto, al menos para los que han estudiado la literatura neolatina, pero me resulta muy interesante el hecho de que éste es un botón de muestra del llamado "Dolce Stil Novo" de fines del siglo XIII, menos dulce que maldito. Se supone que en italia todoalumno de secundario puede repetir éste poema de memoria. Aquí abajo, el original:
S'i' fosse fuoco, arderei 'l mondo.
S'i' fosse fuoco, arderei 'l mondo;
s'i' fosse vento, lo tempestarei;
s'i' fosse acqua, i' l'annegherei;
s'i' fosse Dio, mandereil' en profondo;
s'i' fosse papa, allor serei giocondo,
ché tutti cristiani imbrigarei;
s'i' fosse 'mperator, ben lo farei:
a tutti tagliarei lo capo a tondo.
S'i' fosse morte, andarei a mi' padre,
s'i' fosse vita, non starei con lui:
similemente faria da mi' madre.
S'i' fosse Cecco, com' i' sono e fui,
torrei le donne giovani e leggiadre:
le zoppe e vecchie lasserei altrui.
martes 15 de septiembre de 2009
"Barry Lyndon" - William M. Thackeray
- Fagan ha caído. Rawson, ahí tiene a su compañía.
Fue todo el epitafio de mi valiente defensor.
-Tendría que haberte dejado cien guineas- fueron las últimas palabras que me dijo-, pero anoche tuve mala suerte y perdí todo el dinero.
Me dio entonces un débil apretón de manos. Después, como se diera la orden de avanzar, le abandoné. Cuando regresamos a nuestras viejas posiciones, estaba allí, en silencio; había muerto. Algunos de nuestros soldados ya le habían quitado sus charreteras y habían saqueado todo lo que pudieron. ¡Así de esclavos y rufianes son los hombres que participan en la guerra! Para los caballeros resulta agradable hablar de la época de la caballería; pero hay que recordar a los brutos muertos de hambre a los que dirigen..., hombres criados en la pobreza, completamente ignorantes, hechos para enorgullecerse de hazañas de sangre, hombres que no encuentran más diversión que la bebida, la seducción y el saqueo. Es con estos instrumentos tan asombrosos con los que los grandes guerreros y reyes han estado realizando su asesina tarea en el mundo. Y mientras que, por ejemplo, admiramos a Federico el Grande, como le llamamos, y su filosofía, y su liberalidad, y su genio militar, yo, que le he servido y que he estado, como estuve, tras las escenas de las que está compuesto el espectáculo, sólo puedo mirarlo con horror.
¡Qué cantidad de actos humanos de delito, miseria, esclavitud, se sintetizan en una sola palabra: gloria! Puedo recordar un día, unas tres semanas después de la batalla de Minden, en una granja en la que entramos algunos de nosotros, cómo la vieja de la casa y sus hijas nos sirvieron el vino, temblando, y cómo nos emborrachamos y prendimos fuego a la casa. ¡Pobre y miserable tipo, que llegó demasiado tarde para proteger su casa y su familia!
jueves 27 de agosto de 2009
"Juan Raro" - Olaf Stapledon
Nada supe de estos indígenas hasta que, mucho más tarde, visité la colonia.
- Eran criaturas sencillas y atractivas -me dijo Juan-, pero por supuesto, no podíamos permitir que nos molestaran. Hubiésemos podido, quizá, destruir sus recuerdos de la isla y de nosotros, y luego trasladarlos. Pero nuestra técnica para provocar el olvido era aún, a pesar de las enseñanzas de Langatsé, muy imperfecta. Además, ¿dónde podíamos dejar a los nativos sin encender la curiosidad de la gente? Si se quedaban en la isla, por otra parte, estorbarían nuestra obra, y les causaríamos un enorme daño espiritual. Decidimos, por lo tanto, destruirlos mediante cierta técnica hipnótica (o magia, si prefieres) que en aquellas mentes religiosas no podía fracasar. Los nativos nos habían recibido con una fiesta, a la que siguieron algunas danzas rituales. Cuando la excitación llegó a su clímax, Lo bailó para ellos. Y luego les dije, en su propio idioma, que éramos dioses, que necesitábamos la isla, y que debían levantar una pira funeraria, acostarse en ella, y morir contentos y felices. Así lo hicieron, hombres, mujeres y niños.
No puedo defender esta acción, pero señalaré que, si los invasores hubiesen pertenecido a la especie normal, habrían bautizado sin duda a los nativos, distribuyendo entre ellos libros devotos, ropas europeas, ron y un sinnúmero de enfermedades, y luego de haberlos esclavizado económicamente, habrían aplastado sus espíritus exhibiendo la superioridad trivial del hombre blanco. Por fin, cuando todos hubiesen muerto a causa del desaliento o la bebida, habrían llorado sobre sus tumbas.
jueves 11 de junio de 2009
"Niebla" - M. de Unamuno
–¿Y qué quieres que hiciese?
–¿Y cuál es su argumento, si se puede saber?
–Mi novela no tiene argumento, o mejor dicho, será el que vaya saliendo. El argumento se hace él solo.
–¿Y cómo es eso?
–Pues mira, un día de estos que no sabía bien qué pacer, pero sentía ansia de hacer algo, una comezón muy íntima, un escarabajeo de la fantasía, me dije: voy a escribir una novela, pero voy a escribirla como se vive, sin saber lo que vendrá. Me senté, cogí unas cuartillas y empecé lo primero que se me ocurrió, sin saber lo que seguiría, sin plan alguno. Mis personajes se irán haciendo según obren y hablen, sobre todo según hablen; su carácter se irá formando poco a poco. Y a las veces su carácter será el de no tenerlo.
–Sí, como el mío.
–No sé. Ello irá saliendo. Yo me dejo llevar.
–¿Y hay psicología?, ¿descripciones?
–Lo que hay es diálogo; sobre todo diálogo. La cosa es que los personajes hablen, que hablen mucho, aunque no digan nada.
–Eso te lo habrá insinuado Elena, ¿eh?
–¿Por qué?
–Porque una vez que me pidió una novela para matar el tiempo, recuerdo que me dijo que tuviese mucho diálogo y muy cortado.
–Sí, cuando en una que lee se encuentra con largas descripciones, sermones o relatos, los salta diciendo: ¡paja!, ¡paja!, ¡paja! Para ella sólo el diálogo no es paja. Y ya ves tú, puede muy bien repartirse un sermón en un diálogo...
–¿Y por qué será esto?...
–Pues porque a la gente le gusta la conversación por la conversación misma, aunque no diga nada. Hay quien no resiste un discurso de media hora y se está tres horas charlando en un café. Es el encanto de la conversación, de hablar por hablar, del hablar roto a interrumpido.
–También a mí el tono de discurso me carga...
–Sí, es la complacencia del hombre en el habla, y en el habla viva... Y sobre todo que parezca que el autor no dice las cosas por sí, no nos molesta con su personalidad, con su yo satánico. Aunque, por supuesto, todo lo que digan mis personajes lo digo yo...
–Eso pasta cierto punto...
–¿Cómo hasta cierto punto?
–Sí, que empezarás creyendo que los llevas tú, de tu mano, y es fácil que acabes convenciéndote de que son ellos los que te llevan. Es muy frecuente que un autor acabe por ser juguete de sus ficciones...
–Tal vez, pero el caso es que en esa novela pienso meter todo lo que se me ocurra, sea como fuere.
–Pues acabará no siendo novela.
–No, será... será... nivola.
–Y ¿qué es eso, qué es nivola?
–Pues le he oído contar a Manuel Machado, el poeta, el hermano de Antonio, que una vez le llevó a don Eduardo Benoit, para leérselo, un soneto que estaba en alejandrinos o en no sé qué otra forma heterodoxa. Se lo leyó y don Eduardo le dijo: «Pero ¡eso no es soneto! ...» «No, señor –le contestó Machado–, no es soneto, es... sonite. » Pues así con mi novela, no va a ser novela, sino... ¿cómo dije?, navilo... nebulo, no, no, nivola, eso es, ¡nivola! Así nadie tendrá derecho a decir que deroga las leyes de su género... Invento el género, a inventar un género no es más que darle un nombre nuevo, y le doy las leyes que me place. ¡Y mucho diálogo!
–¿Y cuando un personaje se queda solo?
–Entonces... un monólogo. Y para que parezca algo así como un diálogo invento un perro a quien el personaje se dirige.
–¿Sabes, Víctor, que se me antoja que me estás inventando?...
–¡Puede ser!
"¿Qué es un autor?" - M. Foucault
lunes 18 de mayo de 2009
"Don Quijote de la Mancha" - Miguel de Cervantes
- ¿Qué rumor es ese, Sancho?
- No sé, señor - respondió él-. Alguna cosa nueva debe de ser; que las aventuras y desventuras nunca comienzan por poco.
Tornó otra vez a probar ventura, y sucedióle tan bien, que, sin más ruido ni alboroto que el pasado, se halló libre de la carga que tanta pesadumbre le había dado. Mas como don Quijote tenía el sentido del olfato tan vivo como el de los oídos, y Sancho estaba tan junto y cosido con él, que casi por línea recta subían los vapores hacia arriba, no se pudo excusar de que algunos no llegasen a sus narices. Y apenas hubieron llegado, cuando él fue al socorro, apretándoselas entre los dos dedos, y, con tono algo gangoso, dijo: ,
- Paréceme, Sancho, que tienes mucho miedo.
- Sí tengo -respondió Sancho-; mas ¿en qué lo echa de ver vuestra merced ahora más que nunca?
- En que ahora más que nunca hueles, y no a ámbar - respondió don Quijote.
- Bien podrá ser - dijo Sancho-, mas yo no tengo la culpa, sino vuestra merced, que me trae a deshoras y por estos no acostumbrados pasos.
- Retírate tres o cuatro allá, amigo - dijo don Quijote, todo esto sin quitarse los dedos de las narices-, y desde aquí adelante ten más cuenta con tu persona y con lo que debes a la mía; que la mucha conversación que tengo contigo ha engendrado este menosprecio.
- Apostaré - replicó Sancho- que piensa vuestra merced que yo he hecho de mi persona alguna cosa que no deba.
- Peor es meneallo, amigo Sancho - respondió don Quijote.
miércoles 11 de marzo de 2009
"En Busca Del Tiempo Perdido" - M. Proust
domingo 1 de febrero de 2009
"La Cólera de un Particular" - Anónimo
-A cambio de tu tierra quiero darte otra diez veces más grande. Te ruego que accedas a mi demanda.
El Príncipe contestó:
-El Rey me hace un gran honor y una oferta ventajosa. Pero he recibido mi tierra de mis antepasados príncipes y desearía conservarla hasta el fin. No puedo consentir en ese cambio.
El Rey se enojó mucho, y el Príncipe le mandó a T’ang Tsu de embajador. El Rey le dijo:
-El Príncipe no ha querido cambiar su tierra por otra diez veces más grande. Si tu amo conserva su pequeño feudo, cuando yo he destruido a grandes países, es porque hasta ahora lo he considerado un hombre venerable y no me he ocupado de él. Pero si ahora rechaza su propia conveniencia, realmente se burla de mí.
T'ang Tsu respondió:
-No es eso. El Príncipe quiere conservar la heredad de sus abuelos. Así le ofrecieras un territorio veinte veces, y no diez veces más grande, igualmente se negaría.
El Rey se enfureció y dijo a T’ang Tsu:
-¿Sabes lo que es la cólera de un rey?
-No -dijo T’ang Tsu.
-Son millones de cadáveres y la sangre que corre como un río en mil leguas a la redonda -dijo el Rey.
T’ang Tsu preguntó entonces:
-¿Sabe Vuestra Majestad lo que es la cólera de un simple particular?
Dijo el Rey:
-¿La cólera de un particular? Es perder las insignias de su dignidad y marchar descalzo golpeando el suelo con la cabeza.
-No -dijo T'ang Tsu- esa es la cólera de un hombre mediocre, no la de un hombre de valor. Cuando un hombre de valor se ve obligado a encolerizarse, como cadáveres aquí no hay más que dos, la sangre corre apenas a cinco pasos. Y, sin embargo, China entera se viste de luto. Hoy es ese día.
Y se levantó, desenvainando la espada.
El Rey se demudó, saludó humildemente y dijo:
-Maestro, vuelve a sentarte. ¿Para qué llegar a esto? He comprendido.
jueves 20 de noviembre de 2008
"Protopoema" - José Saramago
Lo libero poco a poco, con miedo de que se deshaga entre mis dedos.
Es un hilo largo, verde y azul, con olor a cieno, y tiene la blandura caliente del lodo vivo.
Es un río.
Me corre entre las manos, ahora mojadas. Toda el agua me pasa por entre las palmas abiertas, y de pronto no sé si las aguas nacen de mí o hacia mí fluyen.
Sigo tirando, no ya sólo memoria, sino el propio cuerpo del río.
Sobre mi piel navegan barcos, y soy también los barcos y el cielo que los cubre y los altos chopos que lentamente se deslizan sobre la película luminosa de los ojos.
Nadan peces en mi sangre y oscilan entre dos aguas como las llamadas imprecisas de la memoria.
Siento la fuerza de los brazos y la vara que los prolonga.
Al fondo del río y de mí, baja como un lento y firme latir del corazón.
Ahora el cielo está más cerca y cambió de color.
Y todo él es verde y sonoro porque de rama en rama despierta el canto de las aves.
Y cuando en un ancho espacio el barco se detiene, mi cuerpo desnudo brilla bajo el sol, entre el esplendor mayor que enciende la superficie de las aguas.
Allí se funden en una sola verdad los recuerdos confusos de la memoria y el bulto súbitamente anunciado del futuro.
Un ave sin nombre baja de no sé dónde y va a posarse callada sobre la proa rigurosa del barco.
Inmóvil, espero que toda el agua se bañe de azul y que las aves digan en las ramas por qué son altos los chopos y rumorosas sus hojas.
Entonces, cuerpo de barco y de río en la dimensión del hombre, sigo adelante hasta el dorado remanso que las espadas verticales circundan.
Allí, tres palmos enterraré mi vara hasta la piedra viva.
Habrá un silencio primordial cuando las manos se junten con las manos.
Después lo sabré todo.
miércoles 19 de noviembre de 2008
"La Verdad Sobre Los Ovnis"
Y ahí están. Espiándonos.
Nunca me gustaron las moscas. Sentí siempre una especie de aversión a ellas. Yo soy una mente superior y hoy, con mi súpercerebro hipersensorial he descubierto la raíz de ésa aversión.
Siempre creímos que las moscas eran pequeños insectos que tenían un montón de ojos y que gustaban de posar sobre la caca. Pero
Sí. Y vosotros, simples humanoides, las miman, les envenenan sus circuitos ultradesarrollados y luego las acarician y besan. A los ovnis.
En éste preciso momento una nave extraterrestre me ha descubierto escribiendo secretos reveladores sobre sus verdaderas identidades y se acerca peligrosamente. Pero no, pero no, no volveré a caer mientras me cobijen mis amigos los sapos. Yo tengo un sapo que se llama Robertito que se come a los ovnis y en su estómago los azota con sus intestinos y les tira ácidos que destruyen sus circuitos híperavanzados, pero ya no sirve porque noto que se le seca la lengua y que el ovni (volá, volá) intenta sacarme de mis magistrales pensamientos.
Por eso seguiré hasta el fin con la misión que me fue encomendada por San Guchito: Destruir a las naves extraterrestres que se hacen llamar moscas. Retomaré contacto si sobrevivo. Cambio y fuera.
martes 16 de septiembre de 2008
"Observe a su gato" - Desmond Morris
El objetivo primario de un gato al atacar es propinar a su rival un mortal mordisco en el cuello, empleando en gran parte la misma técnica que cuando mata a una presa. Dado que su oponente tiene más o menos el mismo tamaño y la misma fuerza, este mordisco fatal raramente se produce. Por lo mismo, el rival, por más miedoso y cobarde que sea se defiende de manera que es casi imposible lograr un auténtico mordisco en la garganta. Lo que debemos recordar aquí es que, incluso el individuo más salvaje y dominante, cuando se lanza por su fiero instinto al ataque, en su interior teme los resultados de “luchar hasta las últimas consecuencias”. Si le acorralan, el
más débil lo intenta todo, lanza sus aguzadas garras, hiere si es posible al gato dominante de una forma que pueda suponer una seria amenaza para sus futuros éxitos venatorios y, por lo tanto, para su auténtica supervivencia.
Por ello, incluso un atacante extremista muestra cierto miedo en su agresión al llegar el golpetazo final del contacto físico.
Una típica batalla se desarrolla de la forma siguiente: el animal dominante localiza a un rival y se aproxima a él adoptando una característica postura de amenaza, caminando sobre sus patas estiradas por completo para parecer, de repente, mayor de lo que es. Este efecto se consigue además erizando los pelos del lomo. Dado que las cerdas son más largas hacia la parte de atrás del animal al encresparse la línea de su lomo sube hacia la cola. Esto confiere al gato atacante una silueta que es exactamente la contraria de la forma agazapada del rival más débil, cuya parte posterior se mantiene baja casi pegada al suelo. Mostrando la zona posterior de sus orejas y aullando, gruñendo y refunfuñando, el atacante avanza en cámara lenta, observando cualquier reacción repentina de su encogido enemigo. Los ruidos que hace son sobrecogedoramente hostiles, y resulta difícil comprender cómo a una actitud tan marcadamente agresiva se le haya podido calificar de “maullidos de amor” del gato macho. Sólo cabe preguntarnos cómo será la vida amorosa de las personas que inventaron ese nombre. Huelga decir que no tiene nada que ver con el auténtico cortejo del gato. Cuando el gato atacante llega muy cerca de su rival, realiza un movimiento extraño, pero altamente característico, tuerce la cabeza. A un metro de distancia alza levemente la testa y la tuerce hacia un lado, sin perder de vista al enemigo. Luego el atacante da un paso lento hacia delante y ladea de nuevo la cabeza hacia la otra parte. Esto suele repetirse varias veces y parece ser un amago del inminente mordisco en la garganta, como si dijese con la cabeza ladeada y en posición de morder: esto es lo que te espera.
En otras palabras, el atacante lleva a cabo la “intención de movimiento” del típico asalto de la especie. Si dos gatos de igual categoría o rango se encuentran y se amenazan mutuamente, puede transcurrir largo rato de punto muerto, con cada uno de los animales llevando a cabo exactamente la misma aproximación hostil, como si estuviesen delante de un espejo. Cuanto más se acercan, más lentos y breves se hacen sus movimientos, hasta que en un momento dado se inmovilizan, y esta paralización puede prolongarse durante muchos minutos. Durante todo el tiempo continuarán exhalando sus penetrantes maullidos y gemidos, pero ni uno ni otro está dispuesto a capitular. Llegado el momento, pueden separarse en un movimiento
increíblemente lento. Incrementar su velocidad sería tanto como admitir su debilidad, y ello llevaría a un inmediato ataque del rival, por lo que ambos se retiran con unos movimientos casi imperceptibles para mantener su rango. Si esas amenazas y contraamenazas desembocan en una pelea seria, todo comienza con una arremetida por parte de uno de los adversarios intentando un mordisco a la garganta. Cuando sucede esto, el adversario gira instantáneamente en redondo y se defiende con sus propias fauces, mientras golpea al mismo tiempo con sus patas delanteras, que se traban con las garras delanteras del contrario, al tiempo que se propinan salvajes coces con sus potentes patas traseras. Éste es el momento en que, literalmente se arma una tremolina impresionante, y los maullidos dan paso a fuertes chillidos, y los dos animales ruedan, se enzarzan, se muerden, se clavan las garras y se cocean. Esta fase no dura mucho. Es demasiado intensa. Los rivales se apresuran a separarse y prosiguen sus exhibiciones de amenaza, mirándose mutuamente y gruñéndose de nuevo. Se repite entonces el asalto, tal vez varias veces, hasta que, finalmente, uno de los dos se rinde y se echa al suelo con las orejas por completo aplastadas. Éste es el momento en que el vencedor realiza otra exhibición muy característica. Se vuelve en ángulo recto hacia el perdedor y, con gran concentración, empieza a olisquear el suelo, como si exactamente en aquel momento se hubiese depositado allí un olor irresistiblemente delicioso. El animal se concentra tanto en ese olisqueo que, de no tratarse de un rasgo peculiar de todas las peleas, tendría la apariencia de una auténtica verificación de olores. Pero se trata sólo de un acto ritual, de una exhibición de victoria que señala al rival perdedor que se ha aceptado su sumisión y su derrota y que la batalla ha terminado. Después del olisqueo ritual, el vencedor se aleja lentamente y al cabo de un corto intervalo, el que ha sido vencido se aleja más de prisa hasta un lugar seguro.
No todas las peleas se llevan a cabo con tanta intensidad. Las disputas más suaves se zanjan “rozando las garras”, momento en que los rivales se golpean mutuamente con las manos extendidas. Al pegar en la cabeza del rival de esta manera son capaces de zanjar sus diferencias sin practicar todo el ritual de una riña de gatos y sin la saña que hemos descrito más arriba.
martes 2 de septiembre de 2008
"Libro de los Seres Imaginarios" - J. L. Borges
El problema del origen de las ideas agrega dos curiosas criaturas a la zoología fantástica. Una fue imaginada al promediar el siglo XVIII; la otra, un siglo después. La primera es la "estatua sensible" de Condillac. Descartes profesó la doctrina de las ideas innatas; Etienne Bonnot de Condillac, para refutarlo, imaginó una estatua de mármol, organizada y conformada como el cuerpo de un hombre, y habitación de un alma que nunca hubiera percibido o pensado. Condillac empieza por conferir un solo sentido a la estatua: el olfativo, quizá el menos complejo de todos. Un olor a jazmín es el principio de la biografía de la estatua; por un instante, no habrá sino ese olor en el universo, mejor dicho, ese olor será el universo, que, un instante después, será olor a rosa, y después a clavel. Que en la conciencia de la estatua haya un olor único, y ya tendremos la atención; que perdure un olor cuando haya cesado el estímulo, y tendremos la memoria; que una impresión actual y una del pasado ocupen la atención de la estatua, y tendremos la comparación; que la estatua perciba analogías y diferencias, y tendremos el juicio; que la comparación y el juicio ocurran de nuevo, y tendremos la reflexión; que un recuerdo agradable sea más vívido que una impresión desagradable, y tendremos la imaginación. Engendradas las facultades del entendimiento, las facultades de la voluntad surgirán después: amor y odio (atracción y aversión), esperanza y miedo. La conciencia de haber atravesado muchos estados dará a la estatua la noción abstracta de número; la de ser olor a clavel y haber sido olor a jazmín, la noción del yo. El autor conferirá después a su hombre hipotético la audición, la gustación, la visión y por fin el tacto. Este último sentido le revelará que existe el espacio y que en el espacio, él está en un cuerpo; los sonidos, los olores y los colores le habían parecido, antes de esa etapa, simples variaciones o modificaciones de su conciencia. La alegoría que acabamos de referir se titula Traité des sensations y es de 1754; para esta noticia, hemos utilizado el tomo segundo de la Histoire de la philosophie de Bréhier. La otra criatura suscitada por el problema del conocimiento es el "animal hipotético" de Lotze. Más solitario que la estatua que huele rosas y que finalmente es un hombre, este animal no tiene en la piel sino un punto sensible y movible, en la extremidad de una antena. Su conformación le prohíbe, como se ve, las percepciones simultáneas. Lotze piensa que la capacidad de retraer o proyectar su antena sensible bastará para que el casi incomunicado animal descubra el mundo externo (sin el socorro de las categorías kantianas) y distinga un objeto estacionario de un objeto móvil. Esta ficción ha sido alabada por Vaihinger; la registra la obra Medizinische Psychologie, que es de 1852.
"Libro de los Seres Imaginarios" - J. L. Borges
"El canto era fuerte ya, y la espesura muy densa, de manera que no podía ver casi a un metro delante de él, cuando la música cesó súbitamente. Oyó un ruido de maleza que se rompe. Se dirigió rápidamente en aquella dirección, pero no vio nada. Había casi decidido abandonar su búsqueda cuando el canto recomenzó un poco más lejano. De nuevo se dirigió hacia él; de nuevo el que cantaba guardó silencio y lo evadió. Llevaría más de una hora jugando a esta especie de escondite cuando su esfuerzo fue recompensado.
Avanzó cautelosamente en dirección a uno de estos cantos fuertes, vio finalmente a través de las ramas floridas una forma negra. Deteniéndose cuando dejaba de cantar, y avanzando de nuevo con cautela cuando reanudaba el canto, la siguió durante diez minutos. Finalmente tuvo al cantor delante de los ojos, ignorando que era espiado. Estaba sentado, erecto como un
perro, y era negro, liso y brillante; sus hombros llegaban a la altura de la cabeza de Ransom; las patas delanteras sobre las que estaba apoyado eran como árboles jóvenes, y las pezuñas que descansaban en el suelo eran anchas como las de un camello. El enorme vientre redondo era blanco, y por encima de sus hombros se elevaba, muy alto, un cuello como de caballo.
Desde donde estaba, Ransom veía su cabeza de perfil; la boca abierta lanzaba aquella especie de canto de alegría, y el canto hacía vibrar casi visiblemente su lustrosa garganta. Miró maravillado aquellos ojos húmedos, aquellas sensuales ventanas de su nariz. Entonces el animal se detuvo, lo vio y se alejó, deteniéndose a los pocos pasos, sobre sus cuatro patas, no de menor talla que un elefante joven, meneando una larga cola peluda. Era el primer ser de Perelandra que parecía mostrar cierto temor al hombre. Pero no era miedo. Cuando lo llamó se acercó a él. Puso su belfo de terciopelo sobre su mano y soportó su contacto; pero casi inmediatamente volvió a alejarse. Inclinando el largo cuello, se detuvo y apoyó la cabeza entre las patas. Ransom vio que no sacaría nada de él, y cuando al fin se alejó, perdiéndose de vista, no lo siguió. Hacerlo le hubiera parecido una injuria a su timidez, a la sumisa suavidad de su expresión, a su evidente deseo de ser para siempre un sonido y sólo un sonido, en la espesura central de aquellos bosques inexplorados. Ransom prosiguió su camino; unos segundos más tarde, el sonido empezó de nuevo detrás de él, más fuerte y más bello que nunca, como un canto de alegría por su recobrada libertad.
"Las bestias de esta especie no tienen leche, y, cuando paren, sus crías son amamantadas por una hembra de otra especie. Es una bestia grande y bella, y muda, y hasta que la bestia que canta es destetada vive entre sus cachorros y está sujeta a ella. Pero cuando ha crecido se convierte en el animal más delicado y glorioso de todos los animales y se aleja de ella. Y ella se admira de su canto"...
C. S. Lewis Perelandra, 1949
sábado 16 de agosto de 2008
“Las Tres Ecologías” – Félix Guattari
De la misma manera que en otras épocas el teatro griego, el amor cortés o las novelas de caballerías se impusieron como modelo, o más bien como módulo de subjetivación, hoy el freudismo sigue habituando nuestras formas de sostener la existencia de la sexualidad, de la infancia, de la neurosis… Así pues, aquí no pretendemos “superar” o liquidar definitivamente el hecho freudiano, sino reorientar sus conceptos y prácticas para hacer otro uso de ellos, para desenraizarlos de sus ataduras preestructuralistas en una subjetividad totalmente anclada en el pasado individual y colectivo. En adelante, lo que estará a la orden del día es la liberación de campos de virtualidad “futuristas” y “constructivistas”. El inconsciente sólo permanece aferrado a fijaciones arcaicas en la medida en que ningún comportamiento tire de él hacia el futuro. Esta tensión existencial se realizará por medio de temporalidades humanas y no humanas, por éstas últimas entiendo el desplegamiento o, si se quiere, el despliegue, de devenires animales, de devenires vegetales, cósmicos, pero también de devenires maquínicos, correlativos de la aceleración de las revoluciones tecnológicas e informáticas (así es como vemos desarrollarse ante nuestros ojos la expansión de prodigiosa de una subjetividad asistida por computadora). A esto hay que añadir que conviene no olvidar las dimensiones institucionales y de clase social que regulan la formación y el “teledirigismo” de los individuos y de los grupos humanos.
En resumen, ¡las ilusiones fantasmáticas y míticas del psicoanálisis deben ser representadas y desbaratadas y no cultivadas y conservadas como jardines a la francesa! Desgraciadamente, los psicoanalistas de hoy en día, más aún que los de ayer, se escudan en lo que podríamos llamar una “estructuralización” de los complejos inconscientes. En su teorización, eso conduce a un dogmatismo insoportable y, en su práctica, eso desemboca en un empobrecimiento de sus intervenciones, en estereotipos que los hacen impermeables a la alteridad singular de sus pacientes.
miércoles 6 de agosto de 2008
"Las Ciudades Invisibles" - Italo Calvino
- Marco Polo describe un puente, piedra por piedra.
- -¿Pero cuál es la piedra que sostiene el puente? - pregunta Kublai Kan.
- -El puente no está sostenido por esta o aquella piedra -responde Marco- sino por la línea del arco que ellas forman.
- Kublai permanece silencioso, reflexionando. Después añade: -¿Por qué me hablas de las piedras? Es sólo el arco lo que importa.
- Polo responde: -Sin piedras no hay arco.
-
miércoles 30 de julio de 2008
"Silla" - J. Saramago
viernes 18 de julio de 2008
"Política y cultura a finales del siglo XX" - Noam Chomsky
La televisión ha tenido una importancia sustancial en esto. Es intrínsecamente un instrumento de aislamiento. Salvo que vayas a un bar a ver un combate de boxeo, te sientas solo frente al televisor y tu vecino se sienta solo frente al suyo, e incluso en un país como Estados Unidos, donde hay un televisor en cada habitación, cada miembro de la familia se sienta solo delante del televisor y es entonces cuando la gente está realmente aislada. Su posibilidad de consultar con sus vecinos es muy escasa. (…)
(…) Así que es preciso controlar la “mente pública”, tal como lo reconoció el sector empresarial a principios de siglo, haciéndose eco de ideas que se remontan a cientos de años atrás. Es necesario controlar el pensamiento y la opinión, y destruir en la comunidad y en el lugar de trabajo las organizaciones que podrían proporcionar oportunidades e influencia a la gente que no conviene que las tengan. Estas organizaciones permiten que personas con recursos limitados se unan para defender sus objetivos y proyectos, o incluso para llegar a entenderlos. Los individuos deben estar solos, enfrentándose al poder centralizado y a los sistemas de información de forma aislada, para que no puedan participar de un modo significativo en la administración de los asuntos públicos. El ideal es que cada individuo sea un receptor aislado de propaganda, solo frente al televisor, desvalido ante dos fuerzas externas y hostiles: el gobierno y el sector privado, con su derecho sagrado a decidir el carácter básico de la vida social. La segunda de éstas fuerzas debe estar, además, velada: sus derechos y su poder no sólo han de ser indiscutibles sino invisibles, parte del orden natural de las cosas.
Sólo añado que éstas líneas fueron escritas antes de la aparición del mp3, mp4, celular, etc. You do the math....
jueves 26 de junio de 2008
"El León, autorretrato" - León de Greiff
Todo está en mí... Y en mí no encuentro nada... ¡
Sombra ilusa! ¡Entidad galvanizada!... ¡
Y a duras penas vivo!
Soy ilógico. Vivo en un sueño. Boga
mi fastidio en un mar de olas de plomo...
Y, si a sus ojos pérfidos me asomo,
¡la esfinge me interroga!
Yo soy triste. Fatal el sino marca
mi discurrir por una esquiva senda;
nada veo: ¡y mi vista todo abarca,
a pesar de mi venda!
La locura en su círculo macabro
con femenil empeño me recluye...
Soñador... Algún loco ensueño labro:
¡Y el ensueño me huye! Yo soy estrafalario y soy abstruso:
soy altanero y soy sencillo; ¡y llevo
—para reír— un gesto antiguo y nuevo
de Diógenes al uso!
Desdén; risa... sí todo es falso... ¡Todo!
Todo verdad. Todo existe y no existe...
Yo sólo sé que voy como un beodo
de beber vino triste...
¡Pierrot! ¡Juglar! ¡Payaso de mis penas,
bajo el azur de universales climas,
lloro la carcajada de mis rimas
sarcásticas y amenas!
¡Contradictorio y vario! ¡Triste, irónico!
¡Pobre mimo! ¡Quijote de tinglado!
¡Muñeco de un guignol disparatado!
¡Coplero gris y afónico!
Estoy solo... ¡Estoy loco! Vasta sombra
ciñe mi soledad que ya delira!
Mentira... ¡No estoy solo!... ¡Ella me nombra,
y en sus sueños me mira! "
Gracias a mi hermano mayor (mayor en todos sus sentidos): una vez más me iluminó.
De "El sueño de los héroes" - A. Bioy Casares
sábado 21 de junio de 2008
De "Diario de Andrés Fava" - Julio Cortázar
- Hola.
- Hola.
- ¿Con quién quiere hablar, señor?
- ¿Con quién quiere hablar usted?
- Vea. Yo no he tenido tiempo de marcar un número cuando lo he oído a usted.
- Ah, están ligadas las líneas.
- Corte, por favor.
Después, cuando no es más que silencio, me pregunto quién es ese hombre. Dónde está, cómo es la habitación desde donde me habló. Nos cruzamos por unos tres segundos, y conocimos nuestras voces. Y no teníamos nada que decirnos, hablábamos con un error.
De proto lo siento tan cerca.